Una visita a Lisboa
Imperdible destino de cruceros, esta ciudad ofrece muchas facetas poco conocidas. He aquí algunas de ellas

La vida y la obra de los poetas como una guía sensible para explorar las calles y descubrir lugares de culto.
Por Ezequiel Sánchez.
El alma de la capital de Portugal está en los versos de Fernando Pessoa; y el alma del poeta más grande que han dado los lusitanos está en algunos bares, en las perlas de humedad que quedan en el empedrado de las calles por las que se pierden los tranvías que recorren a la romántica Lisboa.
En el Libro del desasosiego se lee: “Amo estas plazuelas solitarias, intercaladas entre calles de poco tránsito, y sin más tránsito, ellas mismas, que las calles. Son claros inútiles, cosas que esperan, entre tumultos distantes. Son de aldea en la ciudad. Paso por ellas, subo a cualquiera de las calles que afluyen a ellas, después bajo de nuevo esa calle, para regresar a ellas. Vista desde el otro lado es diferente, pero la misma paz deja dorarse de añoranza súbita -sol en el ocaso- el lado que no había visto a la ida”.
Y aunque un día escribió que “el poeta es un fingidor”, tan notable fue el amor de Pessoa por los rincones de la ciudad que él mismo termino siendo una leyenda que trascendió la muerte y la modernidad, para regocijo de viajeros de todo el mundo. Aquí, algunos de sus lugares favoritos que aún se ofrecen al lector.
El recorrido obligado por la Lisboa del autor de El libro del desasosiego arrancará en el barrio de O Chiado. El poeta todavía espera al visitante sentado en la terraza de A Brasileira (Rúa donde do Almeida Garret, 120); allí, una bella escultura de bronce reproduce su triste y pequeña figura. Pegada a la estatua hay una silla vacía que invita al viajero a sentarse y tomarse una fotografía con alguno de los alter ego que supo forjar el vate: Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Alvaro de Campos. Esos espíritus también podrán encontrarse en la que fuera la morada del escritor, en el 16 de Rúa Coelho da Rocha. Allí también está su fabulosa biblioteca y un importante archivo, aunque el visitante encontrará además algunos de los objetos personales de ese empleado de comercio que también fue Pessoa. Una perla: la carta astral del escritor.
Otras historias
Quien también vivió sus momentos de juventud por la zona de O Chiado fue el legendario Luis Vaz de Camões, más precisamente en los alrededores de la plaza que hoy lo recuerda. Las mismas calles fueron transitadas -350 años después de la muerte del autor de Os Lusíadas-, en la ficción, por el periodista Pereira, que hiciera famoso el italiano Antonio Tabucchi en una novela ambientada en la Lisboa de 1938, en pleno régimen salazarista (en el cine, el personaje fue encarnado por el entrañable Marcelo Mastroianni). Un emblema pos dictadura -y un producto de la Revolución de los Claveles- es, sin duda, la bella y colorida Avenida da Libertade.
Realista y parnasiano, aunque no menos quimérico, José María Eça de Queiroz fue uno de los autores más grandes que dio Portugal. Sus historias mezclaban oscuras pensiones lisboetas con temibles mandarines chinos; son narraciones que conjugan pasión, fatalidad y esoterismo.
La ciudad del gran Eça de Queiroz que admite ser explorada es la del Cementerio de los Placeres, y el Hotel Bragança, la de Benfica, el barrio Alto, el Graça, el de la Mouraira; también el teatro de São Carlos, la Estación de Santa Apolónia, la rua du Ouro y la plaza del Rossio. Todos escenarios de sus historias.
Fuente: Suplemento Viajes, de Clarín
