Bariloche, un lugar para el asombro y la contemplación. Una excelente opción para conocer cuando llega al puerto de Buenos Aires
Yo tengo la desgracia de no poder dormir en los viajes en micro. No encuentro la forma, todos los asientos me resultan incómodos. Y mi espalda que no me ayuda… Todo hace que si el trayecto es un poco prolongado llegue a destino hecho una piltrafa.
Pero en viaje a Bariloche (24 horas por tierra en ómnibus) durante las segundas doce horas me dormía en cualquier posición.
Esto va para contar “lo malo” de esa experiencia.
El resto es lo del título.
Empezando porque unos cuantos kilómetros antes, muy lejos, allá en el horizonte se empiezan a ver las montañas. La Cordillera de los Andes te avisa que allí está, majestuosa, desde el fondo de los tiempos.
Para acentuar las emociones la llegada a la primera vista del Lago Nahuel Huapi es repentina, el micro toma una curva y allí está, tan majestuoso como la propia Cordillera. Y para colmo el turro del chofer te pone música de orquesta sinfónica y valses de Strauss a todo trapo, y te quedás con la boca abierta, se te caen las lágrimas y las medias, y las pulsaciones se te aceleran.
Después todo es recorrer, ver y acopiar imágenes, que ninguna cámara fotográfica podrá registrar con la fidelidad y emoción de las que quedan en las retinas.
El Cerro Campanario, ahí nomás, sin ir muy lejos, parece insignificante visto desde abajo. Pero es un mirador asombroso. Uno se pregunta ¿Cuántos lagos pueden caber en un solo paisaje? ¿Cuántas montañas, cuántos árboles milenarios?
El Circuito Chico, el Grande, el famoso y legendario Hotel Llao Llao, Puerto Pañuelo, la Isla Victoria con su Bosque de Arrayanes –único en el mundo-, el Cerro Catedral, el Tronador, y sigue una lista interminable.
Además ¡Qué bien se come! Se recomienda probar la trucha, que se sirve de las más diversas maneras. Y ¡qué rico es el chocolate! Una sola fondue no alcanza, pero… (cuidado con los abusos, lo digo por experiencia, se corre el riesgo de perderse un par de días guardado hasta que el hígado te autorice a seguir).
Lo más recomendable para conocer mejor cada lugar es hacerlo contratando una excursión, de esta manera uno se entera de muchos detalles que no figuran en ninguna guía, como que el Cerro Otto se llama así en homenaje a un alemán “socio fundador” de aquellos pagos.
Si todavía no fueron ¡vayan!, y si ya fueron ¡vuelvan!
Es un compromiso con las propias emociones.
BARRET
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